10 Enero 2009
Se acabó el año y los almanaques, anuarios y demás recopilaciones se suceden. Acontecimientos y personajes son manoseados, unos a este lado de la memoria, otros fuera de él, allí donde habita el olvido. Todos participamos del festín de recuerdos y agujeros negros de la memoria, tan notorios a veces. No querría olvidarme, no tan pronto, de uno de los personajes más oscuros y entrañables del pasado año, transeúnte de la negra espalda del tiempo. Se trata de Gregory Molina, cuya muerte nos llenó a todos de gozo y de pena. Por previsible, por prevista y al final por inesperada. Al final, uno nunca espera ese tipo de cosas, al menos una parte de nosotros. Otra parte sí las espera, con una especie de camaradería morbosa. Aquí va mi humilde homenaje. Gregory, descansa ahora en paz.
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24 Diciembre 2008
Quisimos dar la vuelta al mundo, alfabética y ordenadamente, y sólo llegamos hasta Belice. Quisimos aprehender con nuestros sesos el estado de ese mundo, agarrarlo por las solapas, y sólo conseguimos resacas, deudas y más dudas. Quisimos conocer las corrientes subterráneas de la historia mediante la inmersión fugaz en esos charcos de la geografía que son los países, de la mano de la Agencia: sólo conseguimos mojarnos hasta las orejas y una amable carta de despido. Quisimos, ilusos de nosotros, averiguar qué pasaba ahí fuera, en este planeta llamado Tierra, y sólo logramos aniquilarlo desatando el holocausto nuclear, además de ponernos en ridículo, ay. Quisimos, por fin, sostener el mundo en nuestros hombros, y nos dimos cuenta de que pesaba tan poco...
El otro día Randall y yo nos encontramos con Fukuyama en un parque, rodeado de palomas. Le vimos algo mohíno. Nos atrevimos a preguntarle la causa de su aparente tristeza. Nos miró detenidamente. "Ubi solitudinem faciunt, pacem apellant", dijo. "¿Qué?", cacareamos nosotros. Fukuyama enmudeció. Le dejamos solo. Randall me preguntó: "¿Ruso?". Yo le respondí, trascendental: "No, esperanto".
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23 Diciembre 2008
Un buen lugar para dejar de lado las preocupaciones de la vida cotidiana, como los días gris ceniza de los holocaustos nucleares, es América Central. Los efectos no tardarán en llegar aquí, por lo que encargamos otra botella de ron. No sabemos qué llegará antes, si la radioactividad o la carta de despido. Randall y yo hacemos apuestas, mientras recordamos bañados en lágrimas (y alcohol) a la malograda Katiuska.
Ligeramente menor que Massachusetts. Nota: la carta de despido, evidentemente. Clima tropical, muy caluroso y muy húmedo.
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22 Diciembre 2008
Para nuestra sorpresa, nos han dejado entrar en el país con una cabeza nuclear en la maleta y borrachos como cubas. Estos belgas dejan pasar a cualquiera, como bien saben los alemanes. Aquel verano el káiser estaba de maniobras, sí, sí. A las puertas de Bélgica preguntó, coqueto: "Perdón, se nos ha perdido un batallón de ingenieros, podemos entrar a buscarlo". Los belgas asintieron, pensando que el Plan Schlieffen era una ópera de Wagner. ¡Imbéciles!
Del tamaño de Maryland. Nota: unas de las Katiuskas estaba jugando con la bomba y la ha detonado. Excusa perfecta para decirle a ese engreído de Randall: "Te lo advertí". Qué a gusto se queda uno. Clima templado, inviernos suaves, veranos frescos. Hoy, cielo nuboso del color de la ceniza, lluvias ácidas y humedad radiactiva. Un tiempo de perros.
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20 Diciembre 2008
Sorpresa de Randall para compensar su despiste. El hombre tiene su ingenio, hay que reconocerlo. Y estas chicas de compañía bielorrusas son muy agradables, serviciales y complacientes. Hemos conseguido con el ticket de compra que nos devuelvan parte del dinero por el lanzacohetes. Nos han ofrecido una cabeza nuclear y una caja de botellas de vodka. Randall y yo hemos discutido (algo ebrios) en la habitación de un hotel en Minsk. "¿Para qué demonios queremos una cabeza nuclear ahora?", le pregunté. "Nunca se sabe", replicó Randall. "No podemos ir por el mundo con un arma nuclear en la maleta, no somos musulmanes", razoné. "¿Por qué no?", insistió. "Por que no hemos sido bautizados. Además, ¿crees que nos van a dejar entrar en Bélgica con eso en el equipaje?", grité un poco fuera de mis casillas. "Hasta que no probemos...", afirmó Randall con los ojos entrecerrados, una mirada tan cargada de problemas como un submarino nuclear ruso. Una de las Katiuskas entró en la habitación y dejamos de discutir. Intentaré sacar el tema de nuevo en la cena, pues esto no va a quedar así.
De un tamaño ligeramente menor que Kansas. Nota: vigilar a Randall de cerca. Inviernos fríos, veranos frescos y húmedos. Nota extra: más vodka.
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19 Diciembre 2008
La posición estratégica de esta isla, situada entre el Caribe y el Atlántico Norte, la más alejada de la cadena de islas que como un rompeolas cubre el sureste del mar caribeño, es idónea para tramar cosas, cosas contrarrevolucionarias contra el dirigente venezolano Hugo Chávez, por ejemplo. Más ron, por favor. Los órganos de Stalin conseguidos tras nuestro último viaje nos vendrán de perlas para impresionar. Es cierto que el término katiuskas confundió a Randall y no es menos cierto que nos hemos fundido gran parte del presupuesto del año, pero no hay mal que por bien no venga. Más vale pájaro en mano que ciento volando y no hay mal que cien años dure. Quien roba a un ladrón, cien años de perdón. Ron, ron, ron.
Dos veces y medio el tamaño de Washington DC. Nota: ¿delta charlie? Tropical, temporada de lluvias de junio a octubre. Nota extra: qué bien nos hubiesen venido unas katiuskas, o sea, unas botas de agua, no un dispositivo lanzacohetes con sus proyectiles de medio calibre de la Segunda Guerra Mundial,
¿eh, Randall?
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18 Diciembre 2008
La depresión a la que aboca un paseo por la panza sórdida de la B sólo la remedia un buen trago de agua en uno de los tugurios que abundan por el subcontinente indio. Resaca insoportable. La diarrea purifica el alma y eleva el espíritu. La relación de los bangladesíes con el agua la suponemos igual de problemática. El monzón inunda un tercio del país durante la temporada de lluvias, que va desde junio a octubre.
Ligeramente menor que Iowa. Nota: conseguir katiuskas. Tropical.
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17 Diciembre 2008
Paraíso fiscal, trata de blancas y Fórmula 1. ¿Qué más se puede pedir? Ron, ron, ron, otra botella de ron.
Dos veces y medio el tamaño de Washington DC. Árido. Suaves y placenteros inviernos, veranos húmedos y cálidos. Nota: ¿somos los únicos a quienes escandalizan estas connotaciones sexuales meteorológicas?
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