Y al preguntarnos por qué hemos de remontarnos tan lejos en nuestra búsqueda de la felicidad, teniendo tan cerca, tan a mano, divertidas películas y gansos directores, todos contemporáneos, la respuesta podría ser: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

¿Nos os acordáis con melancolía, con una copa de Chateau de Chatelet en una mano y un habano en la otra, de aquellos maravillosos años, cuando el dinero no traía la felicidad y se vivía en fosas sépticas o en las orillas sucias de los lagos, cuando apenas se tenía para una taza rota de té frío, sin leche ni azúcar, a veces ni siquiera té y en lugar de taza un periódico enrollado...? ¿Y el kilo de grava caliente para desayunar, levantarse a las tres de la mañana para trabajar 20 horas al día por 2 miserables peniques al mes? ¿O levantarse a media noche para trabajar 24 horas al día por dos peniques cada seis años, con sólo medio kilo de grava fría para desayunar? Por no hablar levantarse a las diez de la noche, media hora antes de acostarse, desayunar un terrón de veneno frío y pagar al dueño de la fábrica por trabajar en ella 29 horas al día...


http://www.youtube.com/watch?v=ttSsU9wvBwk


Algunos sí se acuerdan, pero si se lo cuentas a los jóvenes de hoy ninguno se lo cree. Eran otros tiempos.

***Tengo que repasar algunas locuras de los ochenta, porque no quiero dejarme fuera a la camada salida de los fogones del Saturday Night Live: Steve Martin, John Belushi o Bill Murray; y la encantadora serie de películas horneadas por David y Jerry Zucker y Jim Abrahams, desde Aterriza como puedas hasta Top Secret. Ésa es otra historia más mundana y menos carcelaria, por supuesto.***