Alunizando
A ver, a ver. No hay que retrasar tanto el primer beso con una chica como para que pase una década. ¡Y se adelante algún comunista! Es agradable posar la mano en el cuello, no es necesario apartar el pelo. Las caricias, ni pudorosas ni apremiantes, más bien serenas. Hay que pasear el pulgar por su mejilla como si estuviese prohibido pisar el césped, como si ella fuese un parque o arena de playa caliente; como si lo único importante fuese estar allí, a pesar de todas las absurdas complicaciones. Hay que ladear la cabeza de manera imperceptible hacia la derecha para agolpar los pensamientos en ese lado del cerebro; el izquierdo queda ligero, elástico y libre de ataduras, lo que predispone a la fantasía. Hay que alunizar con suavidad sobre su boca, con los ojos cerrados, de manera manual, nada de piloto automático. Los dedos exploradores que hayan llegado hasta la nuca y el pulgar anclado a su mejilla sirven de guía, casi de faro de la Humanidad, como diría Thomas Jefferson.
La bajada del tren de aterrizaje es opcional.
Tras el beso inicial, la cabeza no recupera la rectitud. Las frentes han de sostenerse una junto a otra. Los pensamientos se agolpan en la parte delantera del cerebro, lo que permite a los dedos asentarse en la nuca incompleta, vacía y libre, y explotar las sensaciones.
Los besos se repetirán, cada vez menos. Se sucederán sin orden, alejándose de los primeros. Cambiará el tono, la intensidad, el fondo y la luz. Uno tiende siempre a recordar esos primeros besos, pero ¿qué se puede aprender de ellos?
No sé si los primeros besos fantasean, constatan, liberan, sugieren, descartan, disculpan o anulan. Quizá lo dicen todo y habría que prestarles una atención, por otro lado, desmesurada. Quizá no dicen nada y gracias.


laluzenmi dijo
jajajajajajaj... has comido rabo de toro en mal estado hoy o qué (en los restaurantes españoles te ponen rabo de canguro). he flipado ya con el primer post lunero-besucón, pero la secuela no se queda atrás.
un abrazo.
4 Septiembre 2007 | 04:28 PM