Cuando uno no tiene nada que decir y no sabe por dónde empezar a disimular, lo que se suele hacer es hablar sobre el tiempo. Y cuando a uno no se le ocurre realmente nada, lo que se suele hacer de un modo desesperado es hablar sobre las causas (y las implicaciones) de los discursos meteorológicos.

Nada que añadir.