Las piscinas de París / Bienvenus
Hacía mucho tiempo que no entraba por aquí, al menos un hemisferio y medio. Ahora ando por París, donde sin duda existen paseos agradables. ¡Cómo viaja la luz a través del tiempo! Un par de espacios más abajo mis palabras parpadeaban en la pantalla provenientes de las Antípodas. Aquí y ahora éstas ven la luz en el corazón de la vieja Europa, en la parte trasera de la colina de Montmartre. Algunos pensarán que trato de emular al también viejo Josep Pla. No se me ocurriría.
¿Cómo marchan las cosas por tierras francesas?, se preguntarán algunos incautos al leer estas líneas (los mismos que pensaban que trataba de emular al de Palafrugell). Aunque mi trabajo sea, como siempre, el de contar las cosas de por aquí (cualquiera que sea ese aquí), nunca he llegado a tomarme muy en serio como narrador. Mis conocidos tampoco me toman en serio, para mayor irritación personal. En mi descargo, confieso (aunque sea una confesión vulgar), que al menos ahora me pagan por no tomarme en serio. Me temo que no soy el único que cobra por eso. Qué se le va a hacer. Cada uno de nosotros debemos cargar con el peso de nuestras aspiraciones, que vistas de cerca siempre son más pesadas de lo que en un primer momento pudimos pensar. Ya lo dice el viejo proverbio: ten cuidado con lo que deseas. Otro proverbio podría responder: ¡cuidado con no desear nada! El debate sigue abierto.
