Las escaleras de Madrid / y IV
Cuando uno escapa de la órbita de las escaleras tiene que esperar unos segundos para que su paso se aclimate a la inmovilidad del suelo. Al suelo le es indiferente el trajín que montan las escaleras. A los madrileños también les resulta indiferente este trajín algo frenético, mecánico, terrible. Si uno quiere pasar desapercibido en Madrid, lo primero que tiene que hacer es disimular su provincianismo, y una buena manera de hacerlo es encarando esta gran aventura de las escaleras con la expresión más anodina.

Tengo un gran repertorio de expresiones faciales. Y un miedo vulgar. Esperanza, ninguna.
