Todos somos Gregory Molina
Se acabó el año y los almanaques, anuarios y demás recopilaciones se suceden. Acontecimientos y personajes son manoseados, unos a este lado de la memoria, otros fuera de él, allí donde habita el olvido. Todos participamos del festín de recuerdos y agujeros negros de la memoria, tan notorios a veces. No querría olvidarme, no tan pronto, de uno de los personajes más oscuros y entrañables del pasado año, transeúnte de la negra espalda del tiempo. Se trata de Gregory Molina, cuya muerte nos llenó a todos de gozo y de pena. Por previsible, por prevista y al final por inesperada. Al final, uno nunca espera ese tipo de cosas, al menos una parte de nosotros. Otra parte sí las espera, con una especie de camaradería morbosa. Aquí va mi humilde homenaje. Gregory, descansa ahora en paz.
